Me apuntaría a mil cursos. Las posibilidades gracias al e-learning son infinitas.  Aprender a dibujar, a manejar Illustrator como un pro, Photoshop a nivel profesional, descubrir las mil posibilidades de Excel, mejorar mi  Inglés of course, diseñar mi huerto urbano, productividad, Facebook Ads, SEO avanzado, programación, fotografía…

Hay tanta oferta, con tanta presión, que cualquier persona con inquietudes puede llegar a sentirse sobrepasada. Sobre todo porque seamos realistas, el tiempo es finito. ¡BOOM, BOOM, BOOM! La bandeja de entrada de tu correo te recuerda que te estás perdiendo la formación de tu vida. Y aunque eso de “no tengo tiempo” para muchos sea una excusa bananera, la realidad es que además de formarse hay que ganarse el sueldo, cocinar, limpiar, ducharse y de vez en cuando, sacar la cabeza del ordenador o el móvil y decir hola a la familia.

Hace ya un par de años escribía sobre el tema: «Formación online, el conocimiento a un click». La formación y el conocimiento para quienes tienen acceso a Internet se ha convertido en algo mucho más sencillo. Desde entonces, la cantidad de oferta se ha multiplicado. No tengo datos, es algo subjetivo, pero cada vez son más las posibilidades tanto en abierto como de pago. (El informe que he encontrado de la EUROSTAT es de 2005, por lo que diremos que está algo viejuno, aunque ya apuntaba maneras. Aunque en este blog se afirma que hay datos de 2013 de EUROSTAT en el que se recoge que “el e-learning en España alcanza ya el 33% y supera la media europea en casi 10 puntos, situándose sólo a 4 de Luxemburgo, país que con un 37% encabeza la lista”.)

 

Universidades públicas y privadas, escuelas empresariales, academias de idiomas… la educación a distancia encontró en Internet a su mayor aliado. Además, el número de “emprendedores” que apuestan por compartir sus conocimientos en formato de curso online como forma de ganarse la vida impartiendo formación no reglada, o por lo menos de complementar ingresos, no deja de crecer.

Como buena adicta al e-learning cometo siempre los mismos errores, apuntarme a demasiadas cosas.  El click que nos separa del registro, sobre todo si el curso es gratis, es muy tentador. Eso sí, no voy a negar que si te lo propones puedes hacerlo, yo he completado varios cursos. YOU CAN DO IT!

Desde mi experiencia personal, los que mejor funcionan, son los que son en directo. Parece que el hecho de compartir espacio y tiempo con otros usuarios, aunque virtuales, ayuda a mantener el compromiso. Eso de “a las 8 tengo clase”, ejerce cierto mantra psicológico que facilita  llevar a cabo la tarea. Al final somos seres de costumbres.

Y tu, ¿a cuántos cursos te apuntas? ¿y cuántos logras acabar? ¿sientes la presión del tiempo?… o te resbala 😉