A la hora de ponerse a escribir hay que pararse a reflexionar sobre el objetivo de nuestras palabras. ¿Quién es nuestro público? ¿Queremos llegar a un público especializado? ¿O preferimos que la sociedad en su conjunto se beneficie de la comprensión de ese hecho científico que queremos compartir? No le contamos lo mismo de la misma manera a un colega de profesión, a nuestros padres o a nuestra pareja. Igual que adaptamos nuestro lenguaje a cada situación social, debemos adaptar el lenguaje científico a cada público.

Para empezar, debemos diferencia divulgación de información, y qué mejor que hacerlo bajo la misma premisa que marca el FECYT en su informe sobre los «10 años de divulgación científica en España», ya que ayuda a diferenciar claramente los objetivos y las connotaciones específicas de cada uno de los dos términos.

  • De la divulgación se ocupan museos, documentales, conferencias, … y su objetivo es difundir la cultura científica de forma intemporal. Axiomas como la gravedad, la teoría de la relatividad, la conductancia, el movimiento de la Tierra, la sucesión de Fibonacci…
  • La información, de la que se encargan periodistas, científicos y medios especializados va ligada a la actualidad. Las últimas investigaciones, los nuevos descubrimientos, los avances tecnológicos… y su noticiabilidad aumentará cuanto mayor sea la repercusión sobre la vida cotidiana del ser humano.

Un elemento no compite con otro. En la medida de lo posible deben integrarse ya que la actualidad suele ser un buen gancho para captar el interés del público. Así que para ayudaros a descubrir dónde está la noticia hemos preparo un taller en las jornadas impartido por  Ignacio Fernández Bayo, Director de Divulga SL y Jesús Mula, redactor del diario Información. Para que no se te escape nada.

*Artículo originalmente publicado en el blog de las jornadas: Comunicar para Crecer organizadas por la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, junto con el Parque Científico y Empresarial de la UMH.