La divulgación científica en España ha experimentado en los últimos 30 años un crecimiento significativo.

La aparición de los primeros museos científicos interactivos a mediados de los 80, en los que el visitante pasó a ser el motor de las distintas actividades propuestas, vino seguida de una eclosión de centros por toda la geografía española, convirtiéndose la mayoría de ellos en centros de referencia y obteniendo unos índices de visitas superiores a los que registran los museos convencionales: la Casa de las Ciencias de La CoruñaEureka! Zientzia Museoa,  el Planetario de Pamplona, el Parque de las Ciencias de Granada, o el MUDIC (el más próximo a nosotros) son sólo algunos más de 20 centros dedicados a llevar la ciencia a la sociedad en España, sin contar universidades y parques científicos.

Otra de las herramientas que está experimentando actualmente un crecimiento significativo es el de las ferias científicas o acciones de divulgación en la calle, las cuales aunan la información y la divulgación en eventos formativos interactivos en los que la población puede establecer un contacto más directo con la ciencia y los científicos, y así conocer de primera mano los procesos que dan forma a las investigaciones científicas. La reciente Semana de la Ciencia es un buen ejemplo de ello.

Sin embargo, según el trabajo «Dissemination practices in the Spanish research system: scientists trapped in a golden cage» llevado a cabo por un equipo de científicos sociales, encabezado desde la Universidad Autónoma de Madrid y miembros del CSIC en 2010, la divulgación científica en España está marcada por:

  • Poco interés hacia la ciencia por parte de la sociedad
  • Políticas científicas y pautas de promoción que han primado otros intereses frente a la divulgación.

Así, la conclusión final del estudio fue «la pesimista metáfora de Max Weber de la `jaula de hierro´, por lo que supone de sentirse atrapados entre, de un lado, la escasa atracción de la sociedad española hacia la ciencia y el conjunto de estrictas reglas meritocráticas que gobiernan las políticas y las organizaciones científicas y, de otro, la vocación moral del científico de divulgar el conocimiento para favorecer la cultura pública científica de una sociedad.»
Según el último avance de la «VI Encuesta sobre la percepción social de la ciencia y la tecnología»:
«Un 80% de los españoles apoya incrementar o mantener la inversión en I+D+i, pero solo el 37% donaría dinero a la ciencia. Además, el interés de los españoles por la ciencia crece un 19% desde 2010, un incremento impulsado por los jóvenes de 15 a 24 años, entre los que el interés sube un 40%. Sin embargo, uno de cada cuatro españoles no está interesado en la ciencia, principalmente porque no la entiende.»

Por ello, podemos extrapolar que las acciones que se están llevando a través de distintos organismos, tanto de carácter público como privado, para intensificar la presencia de la ciencia en la calle, están obteniendo sus frutos, ya que no es otro, que el público  juvenil el que puede invertir la tendencia de la comprensión y el interés por la ciencia en la sociedad española.

*Artículo originalmente publicado en el blog de las jornadas: Comunicar para Crecer organizadas por la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, junto con el Parque Científico y Empresarial de la UMH.