Si la web 1.0 nos trajo los contenidos planos y la guerra de navegadores, la web 2.0 nos permitió formar parte de la revolución tecnológica, intervenir, compartir y crear gracias a la llegada de la conectividad everywhere: smartphones, tablets, 3G, banda ancha,…se han introducido en nuestras vidas casi sin darnos cuenta y hace dos días teníamos un modem telefónico que nos dejaba sin fijo cuándo usábamos internet.

En esta vorágine del cambio estamos pasando de largo por lo que unos llamaron web 3.0 para introducirnos de lleno y sin rodeos en la Squared Web, un territorio en el que los navegadores convierten al usuario en el centro, en el que la conectividad es una premisa existencial, en el que la web semántica e ideomática optimizan los resultados de las búsquedas teniendo en cuenta mucho más que el HTML que da forma a la red.

En la Squared Web encontramos el “Internet de las cosas”, lo que en principio sería la domótica pero aplicado a todo, a cada producto, a cada artículo, a cada herramienta… todo estaría interconectado, llegando a introducir el automatismo en numerosos procesos. Imaginemos un bar. Cada botella, cada vaso, llevaría un dispositivo de identificación. ¿Qué permitiría esto? Una gestión de inventario automatizada. Cada vez que se sirviese una bebida o se rompiese un vaso quedaría registrado de modo que fijado un punto de control para realizar un nuevo pedido este se realizaría de forma automática.

Numerosos productos llevan ya incorporado un chip RFID o etiqueta inteligente que permite realizar su seguimiento, lo que desconozco es hasta que punto en el comercio minorista se utiliza esta tecnología  para gestionar los pedidos. En España parece que Leche Pascual fue la pionera allá por el 2007 y no es raro encontrar champús, libros o botellas con estas etiquetas, sin embargo dista mucho de estar generalizada. Recuerdo haber leído hace tiempo algo sobre este tema relacionado con la privacidad del usuario final, ya que una vez adquirido el chip supuestamente sigue emitiendo señal, aunque en principio son chips pasivos, sólo almacenan información, no la transmiten. Tecnofobias aparte, la realidad es que la tecnología bien utilizada puede facilitarnos mucho la vida a todos los niveles.